Salud Sexual Femenina · Diabetes · Informe De Consulta
Esta Cama Es De Una Diabética De 52 Años. Su Ginecóloga Explica Qué Pasó Esa Noche
Si tienes diabetes y dejaste de mojarte, de sentir y de venirte, no es tu edad ni tu matrimonio. Es el mismo daño que te buscan en los ojos y en los riñones, en una parte que nunca te revisan. Y se arregla en dos minutos.
Esta foto me la mandó una paciente diabética de 52 años a la mañana siguiente. Tuvieron que dar vuelta el colchón.
Soy ginecóloga. Y hay una frase que escucho tanto en mi consulta que ya sé cuándo viene: la mujer baja la voz, mira la puerta, y dice "doctora, esto capaz no es con usted, pero".
Marcela tiene 52 años y diabetes tipo 2 diagnosticada hace nueve. Llegó por otra cosa. Se iba a ir sin decírmelo.
Cuando por fin lo dijo, lo dijo así:
"En nueve años me revisaron los pies, me revisaron los ojos, me revisaron los riñones. Me pinchan el dedo cuatro veces al día. Y nadie, nunca, me preguntó por lo que dejé de sentir."
Esa frase es el artículo entero. Pero déjame contarte cómo termina, porque la foto de arriba es de su cama, tres semanas después de esa consulta.
El Orden Exacto En Que Se Apaga El Cuerpo De Una Mujer Diabética
En las mujeres con diabetes esto no empieza el día del diagnóstico ni pasa de golpe. Pasa en un orden, y en ellas pasa más rápido que en el resto de mis pacientes.
Primero se va el chorro. Esa descarga grande que moja de verdad. La mayoría ni la echa de menos, porque nadie le dijo nunca que su cuerpo podía hacer eso. Un día simplemente dejó de pasar.
Después se va la lubricación. Empieza el ardor. El sexo que antes fluía necesita gel, y el gel dura lo que dura. La penetración pasa de incómoda a dolerle.
Al final se va la sensibilidad. Y ahí llegan a mi consulta, si es que llegan. Me lo describen casi todas con la misma imagen: "es como si me tocaran con un guante puesto".
Y hay una cuarta cosa que solo me cuentan las diabéticas, siempre al final, siempre avergonzadas: las infecciones que vuelven. La candidiasis cada dos meses. El antimicótico que ya se compran sin receta porque se saben el nombre de memoria.
Para cuando una mujer me cuenta esto, ya lleva años fingiendo. Evitando. Acostándose antes que su marido para hacerse la dormida. Y cargando una culpa que no le corresponde.
A Él Le Dieron Una Pastilla. A Ella Le Dijeron Que Usara Lubricante
Acá está la parte que me da rabia profesional, y la digo sabiendo que es incómoda.
Cuando un hombre diabético dice en consulta que no se le para, nadie le pregunta por su matrimonio. Nadie le dice que es normal a su edad. Le explican que la diabetes daña los vasos y los nervios del pene, y le recetan algo que lleva sangre a esa zona. En la misma consulta. Sin que tenga que insistir.
El marido de Marcela es diabético también. A él le dieron la pastilla azul hace cuatro años, sin drama.
Cuando ella contó lo suyo, en el mismo consultorio, la respuesta fue:
Y no es mala intención. Es que el daño vascular y nervioso de la diabetes se estudia en el hombre y se trata en el hombre. En la mujer existe igual, está descrito igual, y casi no se busca. Si no se busca, no se encuentra. Si no se encuentra, no se trata.
Así que ella se va a la casa creyendo que el problema es la edad, o peor, que el problema es ella.
Por Qué Nada De Lo Que Probaste Funcionó
Cuando una paciente llega a mí ya se gastó dinero. Siempre. Y siempre en lo mismo:
- Lubricantes. Mojan la superficie. Quitan la fricción veinte minutos y después se secan. No llevan ni una gota de sangre al tejido, así que no devuelven ni la sensación ni el orgasmo.
- Óvulos hidratantes. Hidratan la mucosa unos días y cuestan una fortuna al mes. Y cuando su pareja la toca, sigue sin sentir.
- Pastillas para el deseo. Trabajan en la cabeza. Pero mis pacientes tienen ganas. El problema nunca fue de ganas.
- Hormonas. A algunas les ayudan, pero tardan meses, necesitan receta y control, y a muchas diabéticas con otros factores de riesgo directamente no se las vamos a dar.
Y falta la más importante, la que te dijeron que lo arreglaba todo:
- Controlar la glucosa. Tienes que hacerlo, y no te estoy diciendo que lo dejes. Pero acá va lo que nadie te explica: bajar la glucosa frena el daño que viene. No vuelve a abrir el vaso que ya se estrechó. Por eso puedes tener la hemoglobina glicosilada impecable, que tu médico te felicite, y seguir sin sentir absolutamente nada.
Esa es la trampa de este tema. Tú hiciste todo lo que te pidieron. Y aun así no sientes. Porque todo eso ataca síntomas o previene futuro. La causa de lo que te pasa hoy es otra, y es una sola.
Lo Que La Glucosa Alta Le Hizo A Los Vasos Más Finos De Tu Cuerpo
Esto es lo que no cabe en una consulta de quince minutos, y es lo que a mis pacientes les cambia la cara cuando se los dibujo.
El azúcar alto sostenido en el tiempo hace dos cosas, y las dos están medidas hace décadas:
Uno: daña los vasos sanguíneos pequeños. Las paredes se engruesan y se vuelven rígidas, y el vaso pierde la capacidad de abrirse cuando hace falta. Los médicos lo llamamos daño microvascular. Es exactamente lo mismo que buscan cuando te revisan el fondo de ojo y cuando te piden el examen de orina para los riñones: esos son órganos llenos de vasos finos.
Dos: daña los nervios. Neuropatía. La buscan en tus pies con un filamento, porque es donde más se nota. Pero el nervio que lleva la sensación de tu clítoris está hecho del mismo material que el de tu pie.
Ahora une las dos cosas con un dato de anatomía que casi nadie conoce.
El líquido que sale cuando una mujer se viene a chorro no sale de la vejiga. Sale de las glándulas de Skene, que están a los lados de la uretra, detrás de la pared frontal de la vagina. Y esas glándulas no están sueltas: están envueltas en tejido eréctil, el mismo tipo de tejido que tiene el clítoris, que es mucho más grande de lo que te enseñaron y se mete varios centímetros hacia adentro.
Cuando le llega sangre, el tejido se hincha, aprieta las glándulas y las obliga a llenarse. Si no le llega sangre, el tejido no se hincha, la glándula no se llena, y a la hora del orgasmo no hay nada que expulsar.
Yo se los explico con una manguera: la manguera está buena y el jardín está bueno. Lo que pasa es que alguien cerró la llave a la mitad y lleva años así. Sin agua no florece nada, por mucho que cuides la tierra.
Y ahora relee la lista de arriba. Ni el lubricante, ni el óvulo, ni la pastilla del deseo, ni bajar la glucosa abren esa llave. Por eso fallaron todos.
Etapa 1: tejido sin riego, la glándula vacía. Etapa 2: los vasos se abren. Etapa 3: el tejido se llena y hay algo que expulsar.
Lo Que Le Indiqué A Marcela (Y No Fue Una Hormona Ni Le Cambié Nada De Su Tratamiento)
Si el problema es que la llave está medio cerrada, el tratamiento es obvio: hay que abrir la llave. En medicina eso tiene nombre y tiene cincuenta años de historia. Se llama vasodilatación local.
Lo que le indiqué fue una crema de uso externo que se aplica directamente en el clítoris y los labios, en una cantidad pequeña, con la yema del dedo, unos dos minutos antes del sexo.
Lleva dos cosas que trabajan juntas:
- Sildenafilo tópico. Sí, el mismo principio activo que los médicos recetamos hace más de 25 años para la circulación, y el mismo que le dieron a su marido sin pensarlo dos veces. En los hombres lleva sangre al pene. Acá, en crema y de acción local, hace exactamente lo mismo con el tejido eréctil de la mujer. No pasa por el estómago.
- L-arginina. Es la materia prima del óxido nítrico, que es la molécula que le da al vaso la orden de abrirse. En la diabetes esa producción está caída, y es justamente parte del problema. El sildenafilo evita que la orden se apague; la L-arginina se encarga de que haya orden que dar.
Y ahora lo que a ella más le importaba, porque fue su primera pregunta:
El resultado es mecánico, no mágico: llega la sangre, el tejido se llena, las glándulas se cargan, el clítoris se hincha y los nervios despiertan. Vuelve tu propia lubricación, vuelve la sensibilidad y vuelve a haber algo que expulsar.
El calorcito que se siente a los dos minutos es la señal de que los vasos se abrieron.
Tres Semanas Después, Marcela Me Mandó La Foto De Su Cama
Me contó que la primera noche se la aplicó en el baño, con la puerta cerrada, convencida de que no iba a pasar nada. Ya había tirado dinero en otras cosas y ya le habían dicho demasiadas veces que se aguantara.
A los dos minutos sintió el calor. Después el latido. Me dijo que fue como si esa parte de su cuerpo se despertara después de diez años dormida.
Cuando su marido la tocó, sintió. No "algo": sintió completo, sin el guante puesto. Y se mojó sola, sin gel, cosa que no le pasaba desde antes del diagnóstico.
Él se detuvo a mitad de camino y le preguntó:
"¿Qué te pasó hoy?"
Esa noche Marcela se vino a chorro por primera vez en su vida. A los 52 años, con nueve de diabetes encima. Empapó la sábana, el protector y parte del colchón.
Al día siguiente me escribió con la foto y una sola línea:
"Doctora, yo pensé que esto se me había acabado con el diagnóstico."
Eso es lo que más me duele de este tema. No que lo hayan perdido. Que les hicieran creer que venía incluido en la enfermedad.
Y para las escépticas, que entiendo perfectamente, les cuento lo que Marcela hizo sin que yo se lo pidiera.
Se fue diez días donde su hija y olvidó la crema. Esas noches volvió la sequedad y volvió la nada, con la misma glucosa de siempre y el mismo tratamiento de siempre. Al volver y retomarla, volvió todo: la sensibilidad, la lubricación y el chorro.
Eso no es sugestión. Eso es un tejido que recibe sangre y un tejido que no la recibe.
"¿Pero Yo Puedo Usar Esto Siendo Diabética?"
Es la pregunta que me hacen todas, y es la pregunta correcta. Te la contesto como se la contesto a ellas.
Es una crema de uso externo. No se toma, no es una hormona, no lleva azúcar y no entra en tu control metabólico. No le hace nada a tu glucosa y no interfiere con la metformina ni con la insulina.
La única precaución real, y es la misma que para cualquier vasodilatador, es si usas nitratos para el corazón. En ese caso consúltalo con tu médico antes. Si estás en esa situación lo sabes, porque es un medicamento que no se toma por casualidad.
Y si tienes heridas abiertas o una infección activa en la zona, trátala primero y después empiezas.
Fuera de eso, es de lo más simple que indico en consulta. Mucho más simple que una terapia hormonal, que es lo que suele ser la única otra opción que te ofrecen.
"¿Y Por Qué Mi Médico No Me Dijo Esto?"
Me lo preguntan casi todas, y casi siempre con rabia. Me parece justa la rabia.
La respuesta honesta es que no hay complot. Hay tiempo, hay costumbre y hay dinero.
La consulta de diabetes tiene una lista de control que recorrer: peso, presión, pies, ojos, riñón, hemoglobina glicosilada. Esa lista no trae una casilla para preguntarte si todavía sientes. Nunca la tuvo. Y como la paciente tampoco lo levanta, porque le da vergüenza y porque cree que no es tema médico, el asunto no existe para nadie.
Súmale que en las terapias hormonales de meses y en los tratamientos con láser que cuestan lo que un auto usado sí hay negocio. En decirte "aplícate esta crema dos minutos antes", no hay negocio para nadie.
Así que la conversación se cierra con "es la menopausia" y millones de mujeres se van a su casa convencidas de que se les acabó.
La Crema Se Llama Veloria™
La que indico en consulta y la que usó Marcela se llama Crema Potenciadora Veloria™.
Se usa exactamente como lo expliqué: una cantidad pequeña en el clítoris y los labios, unos dos minutos antes del sexo. Es de uso externo, no lleva hormonas y tiene un suave sabor a vainilla, que para el sexo oral importa más de lo que se admite.
Más de 30.000 mujeres la están usando, con una calificación de 4,9 de 5.
Una cantidad pequeña, con la yema del dedo, dos minutos antes. El calorcito avisa que los vasos se abrieron.
Lo Que Pasa En Mi Consulta Desde Que Empecé A Indicarla
Mujeres de 48 con diez años de diabetes que me cuentan, muertas de risa y de vergüenza, que tuvieron que comprar un protector de colchón.
Mujeres de 55 que dejaron de apagar la luz, porque ya no tienen que esconder la cara.
Mujeres de 43 que llegaron convencidas de que el problema era su matrimonio y que vuelven a contarme que ahora son ellas las que buscan a su marido.
Y una frase que ya me sé de memoria, porque me la repiten distinto pero siempre igual:
No viene con la enfermedad. Viene con un vaso cerrado. Y un vaso cerrado se abre.
Si Te Estás Reconociendo, Haz Esto
Si llegaste hasta acá es porque algo de lo que describí es tu cuerpo. El ardor. El guante puesto. El gel que ya no alcanza. Las infecciones que vuelven. O el chorro que nunca tuviste y que recién hoy supiste que podías tener.
Esto es lo que le digo a mis pacientes:
1. Entra al sitio oficial de Veloria™ desde el botón de abajo. Es el único lugar donde se vende la original.
2. Aprovecha el Pack Aniversario 2x1 mientras siga activo: compras 1 tubo y te llevas el segundo gratis. Dos meses de tratamiento.
3. Pruébala dos minutos antes y juzga esa misma noche. No hay que esperar meses, como con las hormonas. Y no cambies nada de tu tratamiento: esto va aparte.
Puedes seguir creyendo que esto venía incluido con el diagnóstico. Marcela lo creyó nueve años, y resultó que lo único apagado era el riego. O puedes abrir la llave esta misma noche, con la devolución garantizada si no funciona.
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"Doce años con diabetes y la primera en decirme que eso tenía explicación fue un artículo, no mi doctor. Me vine a chorro por primera vez a los 49. Tuvimos que cambiar las sábanas a las 2 de la mañana."